lunes, 15 de febrero de 2016

El "guagua" fotógrafo


Una de las cosas que me apasiona en la vida, definitivamente es la fotografía, congelar imágenes, detener el tiempo, sentirte todopoderoso y poder visualizar detrás del lente un mundo distinto, para mí es una de las mejores vivencias que pueden suceder en este universo. 

Como dice el viejo y conocido refrán "Nadie nace sabiendo", mis inicios fotográficos vienen ligados a mi padre, quien en realidad no fue fotoperiodista, pero si un gran periodista y productor de tv, quien me encaminó en esto, que ahora se ha convertido en parte de mí. No nací con la cámara bajo el brazo, mis inicios más bien fueron entre tropezones, caídas, roturas, fracasos, que me han dejado grandes lecciones y me han formado como profesional. 

Mi padre, periodista, mentalizador, acolitador en esta pasión, traía a casa los libros de la universidad, de esas materias extrañas, desconocidas, de planos de ángulos, de encuadres y composiciones, que en un inicio no tenían ningún sentido para mí, pero que en la práctica ayudaron mucho a desarrollar mi ojo fotográfico. 

Mis primeros pasos, ya en la práctica, empezaron a mis 15 años, cuando mi padre compró una cámara digital, que era "familiar", pero se convirtió prácticamente en personal, era una pocket Sony DSH 300, que tenía 5 megapixeles, una maravilla para la época, con ella empecé a dar mis primeros clicks, desencuadrados, desenfocados, sin linea de vista, sin composición, pero al final de cuentas, mis primeros clicks. 

Recordé todo lo que había leído en los libros, empecé a documentar, a fotografíar, todo lo que se movía, a inventarme encuadres, a defender mis composiciones frente al curador más importante y exigente que he tenido, mi padre quien con su conocimiento me decía: "Menos cielo, dale peso a la mirada" "Está desenfocado, pero la idea es buena" "Está quemada" etc etc. Palabras que en realidad decepcionaban a este naciente fotógrafo, pero que me encaminaban por el camino correcto. 

Un día decidí combinar mis dos pasiones, la fotografía y el automovilismo, una de las ventajas que siempre he tenido es la cercanía con una de las maravillas que tiene el automovilismo en el país, el Autódromo Internacional "José Tobar Tobar" de Yahuarcocha,  vivía a tan solo 10 minutos a pie, de uno de los autódromos más bellos de latinoámerica, en donde cada mes se desarrollaban competencias emocionantes e importantes.  

Me decidí a hacer fotos, pero ya no desde la tribuna, sino desde la pista, había un "pequeño-gran" inconveniente, no trabajaba en prensa, no tenía ni edad, y no era amigo de los organizadores de la competencia. ¡Tengo que hacer algo! me dije, se me pasaron ideas locas por la cabeza, una de ellas era entrar nadando o vestirme de mecánico y pasar como asistencia, quizás colarme en alguna camioneta de abasto entre otras más. Entre tanto pensar y pensar, se me vino a la mente ese refrán que dice "Al que madruga Dios le ayuda", de un salto me incorporé de la cama y dije -¡Esa es la solución"- ¡Había que madrugar! ¡Sí!, tenía que entrar al momento en que nadie en la puerta principal te pida credencial, te diga a donde vas, incluso cuando ni siquiera el primer auto llegaba. 

Y así fue, me despertaba a las 6 de la mañana, empacaba en mi mochila, agua, galletas, panes, mermelada y uno que otro caramelo para pasar la jornada. Mientras caminaba temprano al autódromo, rezaba para que nadie se hubiese adelantado y empezado a cobrar entradas o peor aún pedir credenciales. 
Con el sol que empezaba a salir en las montañas, mi tensión aumentaba, el camino se hacía largo y pesado, las palpitaciones se aceleraban, y mientras llegaba a la puerta el nerviosismo aumentaba, a lo lejos divisaba la puerta abierta de par en par,  ¡Era el paraíso!, que me decía"Bienvenido".

Paso a paso me iba adentrando en el autódromo, mi caminar era lento, sigiloso, como si estuviese cometiendo el delito más grande de mi vida, avanzaba sin regresar a ver y me encaminaba cada vez más dentro del autódromo, un gran suspiro acompañado de un sentimiento de liberación llegaban a mi ser, cuando atravesaba la pista y me disponía a ubicarme en un lugar, en el que pueda pasar desapercibido, me acomodaba y ya libre de tensiones, alistaba mi desayuno, en uno de los lugares más bonitos de mi ciudad, no se imaginan cuan bello es desayunar a la orilla del lago. 
Faltaban aún como 5 horas para que el primer auto salga a rodar, pero yo ya estaba dentro, listo y dispuesto a fotografiar, a disfrutar.

Lo hice como unas 7 veces más, hasta cuando al fin pude empezar mi primer trabajo "formal".

Tenía 16 años y David Monge, un amigo de la casa, periodista y director de una revista deportiva me "prestó" su cámara para que haga fotos para su revista, era una Sony Z1, definitivamente era mi sueño realizado, pasar de una cámara pocket a una semiprofesional, era realmente fascinante, con 16 años acuestas me sentía realizado, emocionado, hasta soñaba con el sonido de su obturador.

Para ese entonces dejé de madrugar, ya era algo conocido, saludaba con el guardia del autódromo, con los amigos periodistas, con las autoridades y uno que otro piloto, sentía una paz no tener que madrugar, pero aún me emocionaba pensar en que lo volvería  a hacer si fuese necesario. 
Ese fue el inicio de algo que se ha convertido en parte de mi, en una extensión de mi cuerpo, de mis ojos de mi mente y de mi espíritu. 

Es la primera vez que cuento esta anécdota, que aunque no lo crean, me ha ayudado mucho en mi vida, he aprendido y he entendido que siempre existirá un camino por donde podamos llegar a un objetivo, al inicio siempre iba a la tribuna, pero se tornó algo aburrido y mi sueño era estar en la pista e ir más allá, tenía que estar abajo, simplemente me lo propuse un día, lo estudié, lo planifiqué, analicé las posibilidades y lo hice, impulsado quizás por esa fuerza de la juventud que te lleva a hacer "locuras" que definitivamente te acordarás toda tu vida, como lo hago hoy. 

Así que hay que atreverse a vivir, a hacer locuras, a luchar por sus objetivos, a nunca dejarse vencer.   
¡No se olviden de sonreír!  


"Si tus fotografías no son lo suficientemente buenas es porque no estás lo suficientemente cerca." Robert Capa.

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